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Más allá del comportamiento animal

Más allá del comportamiento animal

Los resultados de las terapias realizadas a muchos animales y a sus familias humanas, nos han permitido que demos continuidad a aquello que hacemos con gatos, perros, conejos. Como Aki, muchos han sido testimonios de haber sanado sus cuerpos y mejorado sus comportamientos (dependiendo del caso) para devolver la armonía a su hogar.


Etología Holística es una serie de terapias alternativas basadas en el manejo de la energía, la música y los sonidos, los cristales, la comunicación animal, el tapete de la tierra (guía psicológica para el ser humano con sus animales), la sanación con las manos y canalizaciones angelicales para resolver problemas de salud y comportamentales en todos los seres vivos. No existe una sola metodología ya que nos basamos en el principio de que todos los seres vivos son únicos y requieren un manejo especial de acuerdo con sus necesidades. Se sanan animales sanando seres humanos, y se sanan seres humanos sanando animales. Para comprender de dónde salen este tipo de terapias debo hablar de mi propia experiencia de vida, ya que es la experiencia misma la que me formó en ellas.


Estudié Biología pero fueron muchas circunstancias de vida las que se unieron para hacer de la Etología Holística mi camino de vida.



Rodeada de animales desde que tengo uso de razón, siempre sentí una profunda conexión con estos seres vivos, que para mí siempre serán maestros de vida. Al graduarme de Biología una fuerte necesidad de empezar a sanar mi interior para poder conectarme con el exterior de una manera más pura comenzó a renacer en mi ser. Tuve la oportunidad de entrar a comprender al ser humano, a esa humanidad que vive en nosotros y que el 90% del tiempo ha de ser sanada, y comencé por mi propia sanación y la comprensión de todo aquello que en mí no estuviera funcionando en armonía, todo esto antes de poder ayudar a otros seres vivos. Para ello recurrí a muchos terapeutas holísticos, estudié con el abuelo, chamán Tigua NikaSua, y luego fueron la sabiduría de luz del universo (Dios) y los ángeles y arcángeles quienes me ayudaron a sanar por dentro para despejar mi camino de vida. Aun lo sigo haciendo, la liberación y sanación de nuestra humanidad no termina y si hemos de ayudar a sanar a otros entonces la responsabilidad ha de empezar por casa.


Hablaré de aquellos acontecimientos que generaron cambios radicales en mi vida para abrir camino a quien hoy soy y a aquello que es la Etología Holística y sanación animal.



Todo comienza con el despertar espiritual de mi madre, quien convierte su energía en energía oro. La materia antes de ser materia es energía con una vibración característica de acuerdo con nuestra esencia original y por medio de nuestras vivencias va transformándose y trascendiendo. La vibración del oro es absolutamente sanadora y purificadora. En el momento en que ella vive esa experiencia de manera espontánea, pero gracias a una vida en conciencia, en mí se despierta entonces aún más el don de la clarividencia y la energía que vive en mí, vibración plata platino que también libera y sana. Paralelamente a esos acontecimientos ingreso en el camino del aprendizaje con la madre tierra con el chamán Tigua NikaSua, a quien llamo Águila. Con la maestría del Águila comienza mi conexión consciente con la madre tierra para empezar a sembrar lo que hoy se manifiesta en ayuda a los animales.


Aprendí la importancia de pedir permiso a la madre tierra como ser vivo en el que vivimos, aprendí a sentir y comprender la bendición y la magnificencia de la gratitud, la relevancia de la postura de humildad ante cada ser vivo sin distinción de forma. Aprendí a sentir la conexión con los elementos de la madre, a sentir el lenguaje del viento, del fuego, del agua, del éter; aprendí a mirarme dentro y transmutar mis sombras, todo esto para despertar mi conexión con el reino animal y con la madre tierra. 



Recuerdo una ceremonia en la que se disponía a llover y cuyos asistentes también eran niños. Águila les dijo: “Soplen las nubes para que deje de llover”, y ellos lo hicieron. Bajo el ritmo del tambor y los soplos de los niños dejó de llover. Ese día comprendí la importancia del viento que sale a través de nuestras bocas, hecho palabra en otros momentos. Y fue así como comencé a experimentar en silencio la magia del viento. Por el viento comencé a entrar en comunicación con los animales… no les hablaba… solo soplaba con suavidad con la intención en mi mirada y en mi corazón, a lo que los animales respondían…. Una y otra vez me sorprendía. Reía con ellos. Pero un día cambió mi vida para siempre.


Al hacer un trabajo chamánico de empoderamiento con los elementos de la madre tierra viví un accidente en medio de la naturaleza, sin clínicas ni médicos. Perdí el conocimiento, viví una experiencia cercana a la muerte, en shock por media hora, mis signos vitales cayeron al piso, sentía que me iba lentamente hasta que dejé de recordar el momento. El recuerdo aparece luego, con un perro Golden Retriever, quien me trajo a la vida de nuevo. Después de media hora de haber estado desconectada de ella él me hizo el primer llamado, recuerdo sus lamidos en mi cara y una alegría hecha perro. Fue él quien me conectó a tierra, fue él quien me devolvió parte de mi conciencia y fue él quien me dio a entender que mi misión recién comenzaba y era el reino animal el que me abría la puerta.


Ese día todo cambió en mi vida y muchas sensaciones se empezaron a despertar. Fue pasando el tiempo y apareció una mujer, canalizadora de ángeles y de la madre tierra (Ana María) y con ella se abrió una puerta más hacia la sanación de mi interior. Un día el arcángel Metatrón canalizado me preguntó, “¿Qué quieres hacer?”, y mi respuesta sin pensarlo fue… “Quiero ayudar a sanar a los animales”, y él contestó: “¿Cómo? ¿Como una veterinaria?”. Contesté también sin pensar y bajo un no rotundo… “¡No!”. Yo no podría verlos sufrir (pero nunca digas nunca porque tal vez terminas haciéndolo) y entonces el arcángel Metatrón siguió con las preguntas: “Cómo psicóloga de animales?”, y respondí de inmediato, “¡Sí!” con la misma seguridad con la que antes había dado un no como respuesta. La canalización ese día terminó así. Sin más, tan abierta como inconclusa. Nunca me imaginé que cada paso y esas respuestas estuvieran marcando lo que hoy es la misión de vida en mi camino.En aquellas sesiones de sanación que hacíamos mi madre, Ana María, y yo, empezaron a llegar animales para ser sanados en la distancia. Fuimos herramientas de la luz del universo (Dios), ángeles y arcángeles nos guiaban con cada paciente, nos enseñaban qué hacer y cómo hacerlo, el porqué algunas veces los animales sanan pero su tiempo en la tierra termina, e igual es tiempo de partir para ellos pero con el menor dolor posible. Recuerdo a nuestros primeros pacientes animales. Sus nombres, Chococat y Milagros (y cómo un rotundo No… puede también ser un Sí, Milagros estaba destruida, y aquello que no quería hacer, terminé haciéndolo).



Chococat es un gatito que tuvo muchos problemas de comportamiento animal por diferentes traumas de vida. Estuvo en las calles mucho tiempo y eso lo llevó a estados muy elevados de nerviosismo. En su nueva casa le era muy difícil adaptarse, había más gatos y él solo se escondía y usaba muy poco la caja de arena. El tapete de la tierra (herramienta de canalización de la madre tierra que ella misma me otorgó para guiar a las personas en el reconocimiento de la misión de sus animales en casa) y las liberaciones y sanaciones que hicimos lo llevaron a regresar a su estado natural. Fue liberado de todos sus miedos, de las energías que bloqueaban su vida, de la desconfianza, del desamor. Y con mucha paciencia y amor por parte de su familia, y unas siete sanaciones aproximadamente, sanó y sus problemas de comportamiento desaparecieron. Aun hoy cada cierto tiempo entra a terapia y sale feliz.


Milagros fue una gatita, como lo dice su propia familia, que “de tan solo 10 meses fue atacada por varios perros el 7 de junio de 2013 en horas de la madrugada. Por suerte unas personas la escucharon y lograron quitarle a los atacantes de encima. Fue llevada al veterinario, estuvo hospitalizada y su pronóstico no fue muy alentador: tenía varias heridas producidas por mordeduras y sufrió una lesión que le rompió dos discos intervertebrales, por lo cual el núcleo pulposo salió y ejerció presión sobre la médula espinal, perdiendo así la sensibilidad superficial; no controlaba esfínteres ni tenía movilidad en sus patitas traseras”.


Los veterinarios solo decían que iba a necesitar un milagro para vivir bien, recomendaron dormirla pero su familia decidió no hacerlo y buscar otras alternativas. Me llamaron para ayudarla y sé con total certeza que fueron Dios y los ángeles quienes actuaron por nuestras manos. Un día después de la sanación Milagros recuperó su movilidad, su temperamento y cuerpo empezaron a cambiar, a sanar más y más. Meses después le tomaron otra radiografía y el mismo veterinario dijo: “Esto es un milagro”. También requirió sesiones de terapia neural con otros veterinarios. En ella vemos con absoluta claridad la importancia de la medicina veterinaria unida a la medicina del cielo o energética. Hoy Milagros camina y ha dejado de usar pañal, por instantes salta, ha engordado y juega.


Después continuamos haciendo sanaciones energéticas a distancia para humanos y animales. Un día otro acontecimiento de nuevo cambió mi vida cuando me enviaron la foto de un gato blanco en absoluta depresión a la 1 a.m. Cuando lo vi supe que me hablaba, me dejé llevar por la intuición y al siguiente día, en la mañana, en medio del movimiento de mi cuerpo generando la vibración del tubo toro y en medio del sonido del Ave María y otra música de vibraciones sagradas sentí al gato blanco conmigo, moviéndonos en la misma conexión. Pasaron unas horas y Aki (en ese momento Dante) empezó a salir del lugar donde estaba escondido y de la depresión misma. Un día después de ese suceso, y por petición de los ángeles y arcángeles y de la madre tierra, fui a verlo. Nos saludamos, sabiendo quienes éramos, con lágrimas en los ojos. Ese día llegué a El Gatio (centro de adopción de gatos) y entonces sentí como no solo Aki sino miles de gatitos más solicitaban ayuda, me pedían que fuera puente de comunicación entre ellos y el ser humano. Me hablaban mirándome a los ojos, algunos me decían que les cambiaran el nombre (entre ellos Eduard, que ahora es ángel, y luego del cambio de nombre fue adoptado inmediatamente). No se sentía bien y por su nombre nadie lo veía, pero luego se enamoraron de él y hoy es un gato con una familia muy especial.



Lola, también en El Gatio, llevaba mucho tiempo allí, casi un año, y nadie la adoptaba. Cuando nos vimos me dijo con sus ojos; “Tengo mucha tristeza y mucho dolor del alma”. Entonces hice, por guía de la madre tierra, su liberación y sanación los días en que iba a la fundación. Su mirada cambió, la luz de los ojos comenzó a brillar y fue adoptada al poco tiempo. Y así con Miel, quien también pidió cambio de nombre; Astar, que sigue mejorando. Aki vive conmigo y yo le agradezco la apertura de esta nueva puerta, que aunque ya venía, es ahora misión de vida.


Son muchos los animales que requieren ser escuchados y comprendidos y muchos los seres humanos que a diario son sanados por sus propios animales. Si el ser humano está en balance, su animal también lo estará.



Si te sientas en silencio al lado de tu perro, gato u otro hermoso animal hecho pureza... y cierras los ojos sintiendo tan solo el silencio y el roce de tu mano sobre su piel (pelaje, plumas)... y te permites sentir la vibración de su energía y el latir de su corazón, tan solo en ese instante de conexión en silencio tu vida ya habrá cambiado para siempre porque es ahora parte de la vibración de tu sangre ese pequeño miembro de la familia cuyo ADN lleva implícita la magnificente sabiduría. Hazlo todos los días un ratito... no dejes de hacerlo nunca mientras lo tengas a tu lado... el amor se incrementa y el campo áurico y el resplandor en casa se transforma para iluminar aún más tu interior y tu exterior. No dejes de hacerlo nunca... ellos, los animales, transforman nuestra vida de la más exquisita y sagrada manera. Mucho amor para ellos... mucho amor para nosotros. Bendiciones en el caminar de aquello que somos. Gracias por hacer parte de la ADNza de estas letras amados animales.