NOTAS CANINAS
Actividades

Collar y correa: Buenas practicas.

Collar y correa: Buenas practicas. Un problema bastante común entre quienes tienen perros dentro de su grupo familiar es el manejo del perro con un collar y una correa.


Un perro tira de la correa por diferentes motivos. Una de estas razones es el desconocimiento del significado de la correa. El perro que no sabe caminar junto a su guía, que hala contantemente la correa y recorre sin control los lugares que se le antojan, es un perro que necesita de intervención urgente para la modificación de su comportamiento, así como también para la elección de los accesorios que mejor se adapten a su apropiado manejo.


Aprender una forma correcta de usarla suele tomar unas pocas sesiones de manejo y control. Sesiones que serán válidas tanto para el perro como para su guía, puesto que, en general, ninguno de los dos está preparado previamente para ello. De esta manera la respuesta ante una actividad de caminata o paseo dejará de estar dictada por lo instintivo en cada uno de los dos. El perro no halará en una dirección mientras el guía lo hace en la dirección opuesta.


Cuando esto sucede, cuando el paseo con correa se convierte en un duelo de fuerzas, aparecen los tirones, los gritos y protestas de parte y parte, lo cual hace que el vínculo y la buena relación entre las dos especies se deteriore.


Es fundamental considerar las necesidades propias del perro desde la perspectiva de su especie. Un perro no sabe lo que representa una via peatonal o una vía para los automotores. Tampoco sabe lo que significa tomar una dirección u otra cuando esta es la pretensión de quien lo guía. No sabe de velocidades o lugares y momentos para detenerse. Su principal interés, probablemente, será el de explorar el espacio, las características de ese entorno particular, enterarse de los acontecimientos recientes y las nuevas noticias, y esto lo consigue principalmente a través de su sentido del olfato.


Por lo tanto, la exploración espacial, con todos sus detalles, será la primera necesidad que quiera satisfacer. Y en este proceso, tambien buscará aliviar sus necesidades más urgentes.


Para la caminata o el paseo, que debe considerar la posibilidad de exploración, es más conveniente el uso de un collar plano, fijo y ancho que sea cómodo para el cuello del perro, y que a su vez, nos dé la seguridad en la sujeción, esto sumado a una correa o trailla lo suficientemente larga para ofrecerle un rango amplio de movimiento pero que también servirá para establecer los límites espaciales durante la exploración.


Este tipo de accesorios le permite un margen de libertad al perro, hace que su paseo sea más interesante y seguramente le ayudará a su guía a disfrutarlo también, contrario al sufrimiento que genera el uso de collares y cadenas de ahogo, bozales o pretales de retención, todos estos causantes de presiones en diferentes partes del cuerpo del animal, que algunas veces se acercan al abuso y al maltrato.


Es importante entender que el uso de uno u otro accesorio para el manejo y control no garantiza por sí solo un buen resultado. Los accesorios de sujeción pueden retener al perro pero por sí mismos no le enseñan el buen comportamiento durante los paseos. Pueden dar la idea equivocada de control, pero en cuanto se le retiran al perro, el problema suele incrementarse.


El buen uso del collar y la correa debe ir acompañado de una estrategia pedagógica clara, de sesiones breves y consistentes de práctica, y del establecimiento de un código de comunicación comprensible para las dos partes. En estos casos, la correa se convierte en una línea de comunicación fundamental.


Cuando perro y guía dominan el manejo de la correa, esta se convierte en un gran instrumento de ayuda para resolver otras dificultades en el comportamiento, como por ejemplo, el perro que salta hacia las personas, persigue bicicletas o patinetas, escarba en las bolsas de basura, se sube a los muebles sin autorización, roba cosas de la cocina, busca confrontar con otros perros, etcétera.


Cuando el perro comprende el significado de la correa le estamos dando también una alternativa para la solución de problemas o el manejo de situaciones nuevas, porque buscará entre su repertorio una salida diferente y, quizá, la que más nos interesa es aquella en la que el perro busca nuestra ayuda para resolverlas.


El perro tiene capacidades suficientes para aprender y comprender comportamientos adecuados de manejo y convivencia. Que no los aprenda no es su culpa, es responsabilidad de su guía. La práctica de buenas maneras de comportarse hará de la relación con los animales una fuente de diversión que redundará en satisfacciones mutuas. El buen uso de la correa marcará la primera diferencia.