NOTAS CANINAS
Los perros y los gatos ocupan un lugar muy especial dentro del núcleo familiar. Son ejemplo de amor incondicional y compañÃa que dejan un gran vacÃo en nuestro corazón y nuestra vida cuando se van.
Al tener un promedio de vida mucho más corto que el del ser humano es probable que en algún momento el propietario deba vivir y asumir la muerte de su mascota.
Pero, ¿qué sucede cuando ese compañero ya no está? ¿Qué hacer? ¿Cómo manejarlo? La pérdida de una mascota genera un proceso de duelo importante que da lugar a varias etapas. Dependiendo del escenario se pueden dar diferentes tipos pero, sin embargo, hay que recordar que es un proceso que hace parte de la vida. Es común sentirse desorientado y aislado, con sentimientos encontrados, sin saber queÌ hacer con un dolor y desesperanza tan profundos que no permiten vivir el presente. Hay muchas preguntas y pocas respuestas.
El duelo es una reacción emotiva natural ante una pérdida –tanto como la de un bien material, un ser querido o la propia salud– de algo que consideraba importante en su vida y que genera momentos de dolor. Es un proceso que no es para toda la vida, pero hay que saberlo vivir. Debido a esto, sea cual fuere la terapia escogida para enfrentarlo, esta debe ayudar a expresar y entender los sentimientos de manera que se pueda elaborar el proceso de duelo de la mejor manera posible, logrando adaptarse a la nueva situación, aceptando el pasado, dispuesto a vivir el presente y recibiendo el futuro sin ese ser que aportó tanto a nuestra vida.
Cada proceso de duelo es diferente y cada uno trae sus enseñanzas. Sin embargo existen tres tipos. El primero es el duelo anticipado o anticipatorio, que se da desde el momento del diagnóstico de una enfermedad terminal y el cual el propietario comienza a elaborar por adelantado. La intensidad de los sÃntomas puede ir aumentando a medida que se hace más inminente el desenlace esperado o, en algunos casos, puede agotarse el duelo anticipatorio haciendo que la persona muestre menos manifestaciones de duelo agudo cuando tiene lugar la muerte real. La ventaja de este tipo de duelo es que permite que la persona se prepare de alguna manera, evitando el factor sorpresa, facilitando el desapego emocional antes de la muerte, ayudando a tomar conciencia y a liberar emociones naturales.El siguiente tipo es el duelo normal, que se vive después de la muerte o pérdida, en el que el vÃnculo se va desvaneciendo poco a poco, sin complicaciones futuras.
Y finalmente se encuentra el duelo patológico o complicado, cuando el proceso se sale de lo normalmente esperado, tanto en duración (más de seis meses) como en intensidad. Los sentimientos impiden a la persona funcionar eficazmente en su vida diaria, pudiendo ser devastador o durar muchos años.

LAS CINCO ETAPAS DEL DUELO
Las personas afectadas por la enfermedad o muerte del animal pueden ir de una etapa a otra de manera natural mas, sin embargo, existe la posibilidad de que se repitan. Si esto sucede no serán atravesadas con la misma ansiedad anteriormente experimentada y la duración de cada etapa puede variar según el caso.
El proceso de duelo inicia con la noticia de la muerte pues la persona entra en un estado de NEGACIOÌN, una etapa de shock, que viene a constituir la primera parte del duelo. Esta reacción es un mecanismo de defensa que consiste en la imposibilidad de creer lo sucedido, es la manera de amortiguar el primer impacto. En los dÃas siguientes los sÃntomas más frecuentes son llanto, tristeza, pensamientos reiterativos, insomnio, irritabilidad, alteración de los horarios de alimentación, cambios en la vida cotidiana y autorreproche por cosas que pudieron haberse hecho de manera diferente. Estos últimos son normales y pasajeros hasta cuando la persona entienda que la muerte es inevitable para todos. Puede durar entre 15 y 30 dÃas.
Posteriormente, cuando se entiende lo sucedido, comienzan los sentimientos de IRA o ENOJO dirigidos hacia la gente sana, a los médicos veterinarios, a la familia y a siÌ mismo. Cuando la persona ve por fin la realidad intenta todavÃa rebelarse contra ella, y entonces sus preguntas y sentimientos cambian. Nacen otras preguntas: ¿por qué yo?, ¿por qué ahora?, no es justo, y aparece el enojo con la vida, con Dios y con el mundo.
Poco a poco, y conforme va pasando el tiempo, la persona se agota y empieza a entrar en un periodo de PACTO o NEGOCIACIÓN con su ser supremo, generalmente de manera interiorizada. Hay quienes hacen promesas a Dios o a su ‘ser divino’ a cambio de volver atrás el tiempo. Ellos quieren revertir esta situación. Esta etapa suele ser corta aunque siempre depende de cada individuo.

Posteriormente, al ver agotadas sus fuerzas y sin tener respuesta a estas peticiones, la persona poco a poco se va hundiendo en la etapa de la DEPRESIOÌN con una profunda tristeza. Suele aparecer con sentimientos de angustia e ideas repetitivas y negativas. Su resolución se da más rápidamente cuando la persona encuentra el coraje y el entorno donde poder expresar la profundidad de su angustia y recibir la contención que necesita frente sus temores.
Finalmente, cuando se da la oportunidad de vivir y superar cada una de estas etapas, se ha encontrado la paciencia y el amor propio, es entonces cuando llega la ACEPTACIOÌN, con la cual las personas logran salir enriquecidas por la experiencia y listas para enfrentar la vida.
Lo ideal es que la atención al duelo comience antes de producirse el fallecimiento del ser querido y que continúe después, aunque no en todos los casos es posible hacerlo.
Hay que recordar que no existe una manera correcta o incorrecta de vivir un duelo, habrá dÃas buenos y malos pero, con la ayuda adecuada, se podrá llegar a entender que los animales son seres maravillosos que vienen a este mundo a llenarnos la vida de alegrÃa y que al cumplir su misión pueden irse repentinamente. Es por esto que no hay mayor homenaje que recordarlos con alegrÃa por haber podido compartir una parte de nuestra vida con ellos.