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Salud

‘PIF’ una enfermedad que debemos conocer

‘PIF’ una enfermedad que debemos conocer En esta ocasión trataré sobre una de las enfermedades de las que más se habla actualmente y también una de las razones por las cuales ha aumentado el número de consultas: la peritonitis infecciosa felina (PIF), que es causada por la mutación de un virus de la familia coronaviridae, más exactamente llamado coronavirus felino.


La PIF es una condición que clínicamente se denomina síndrome, lo que quiere decir que en el mismo momento el gato está padeciendo varios signos producidos por una misma enfermedad. En mi experiencia profesional los mininos que padecen esta real condición no son muchos y los que se han podido diagnosticar finalmente son muy pocos.


La primera condición es la mutación, ya que los virus actúan de una manera muy inteligente, haciendo que el cuerpo les permita su multiplicación y bloquean o modifican la respuesta. Este tipo de germen ingresa al cuerpo por una vía que en algunos casos es muy difícil de controlar, como lo es la orofecal; lo que quiere decir que con la materia fecal se pueden contaminar, ya sea oliendo o lamiendo.


Luego de que el virus ingresa al cuerpo busca la manera de replicarse, adhiriéndose a las células, engañándolas y haciendo que trabajen para él, logrando una recombinación genética, como si se fusionaran, y se produzcan más células iguales, con la misma información, para que se reproduzcan, y así logra colonizar y expandirse.


El coronavirus felino específicamente hace que ocurra otra cosa. Inicialmente se reproducen las células de la manera como expliqué, pero no genera más que una gastroenteritis, que no pasa de un par de días de diarrea, y ya. El cuerpo lo reconoce y guarda en su memoria que ya estuvo expuesto a este virus y, en ocasiones futuras, cuando lo vuelva a estar, ya sabe cómo actuar y no pasará nada más. El problema está cuando muta porque el cuerpo no lo reconoce y puede desarrollar la enfermedad, momento en el cual se presenta realmente la gran diferencia entre tener o no PIF.


Para que el virus mute debe haber una condición especial que lo permita, es una predisposición, de la cual se dice que se adquiere de generación en generación, denominándola genética, que hace que los gatos sean más vulnerables a esta mutación, que al producirse impide que el cuerpo responda y de esa manera pueda perder la batalla.


Cuando el veterinario advierte una posibilidad de diagnóstico ante una serie de síntomas y presenta varias propuestas, una de ellas puede llegar a ser PIF. Luego de innumerables exámenes y de muchos días entre hospitalización, casa, cambio de veterinario, regaños y frustración llega alguien y les dice eso es culpa del refugio o del criadero.


Entonces toman la decisión de llamar al lugar de donde proviene el gato para pedir una explicación y saber por qué nunca fueron honestos, a lo cual el anterior propietario responde: “No tenía ni idea de que en mi casa existía esa enfermedad”, pero lo más raro del asunto es que sus hermanos de camada están sanos, perfectos. ¿Será posible que una enfermedad infectocontagiosa pueda atacar a unos y a otros no? Pues en ese instante es cuando las conjeturas y los reproches se vuelcan hacia el veterinario, quien está igual de sorprendido que los mismos propietarios.


La condición de que el gato tenga y sufra los signos es genética y no todos los miembros de una misma camada nacen con la predisposición. Se dice que la tasa de mortalidad realmente es de 1 en 5.000 y la de morbilidad -los que la padecen- de 89% a 90% de la población total, lo que enreda más la situación, o sea que si muchos animales se enferman, ¿por qué pocos mueren?


La respuesta a esto es el comportamiento de la afección, pues no quiere decir que los gatos que son positivos al virus tengan que padecer y mucho menos morir a causa de PIF, lo cual explica la gran cantidad de dolencias que pueden cursar con los mismos signos, como los holoparásitos, de páncreas, riñón e hígado y problemas severos de corazón.


Otras causas, aparte de las que hemos hablado, son: el contagio, la predisposición genética; la mutación del virus y eventos de estrés. Otros factores son el color y la raza.


Existe otro punto importante, y es el rango etario, o sea el grupo de edad, que es desde los 5 meses hasta los 3 años. Algunos autores reconocen haber tenido pacientes por encima de los 4 años con diagnósticos definitivos de PIF, una de las enfermedades en las que hay más de un diferencial, lo que quiere decir que existen varias posibles afecciones que pueden tener los mismos síntomas.


También quiero hacer un comentario sobre cuáles son los signos clásicos. El primero, y por el que más acuden a la veterinaria, es la pérdida de peso inexplicada, luego depresión y variaciones en la temperatura. Algunos más observadores aseguran haber visto cambios en la forma y color de los ojos, asegurando que una pupila es más grande que la otra. Otros dicen que el ojo cambió de color y algunos afirman haber visto que uno está más inflamado que el otro y uno de los más importantes, pero no el único, que es la panza de sapo o efusión abdominal.


Quiero agregar que la peritonitis infecciosa felina se presenta de tres maneras, siendo una de ellas, y la que más se ve en las clínicas, la húmeda, que es cuando de un momento a otro al gatito le crece la panza de una manera inexplicable. En la segunda notamos cambios en los ojos y que pierden peso de forma inexplicada, pasando de estar bien hasta hacer cuadros neurológicos como pérdida de la facultad de caminar o hacerlo sin coordinación o como soldados (ataxia), parálisis y convulsiones y, por último, una tercera, muy recientemente vista, que es la manera intestinal que reúne casi todas pero se presenta en gatos mayores a un año. Es muy raro verla, tienen diarreas intermitentes y al momento de la necropsia es evidente el daño intestinal. Todas tienen cursos y etapas diferentes de posibles diagnóstico y tratamiento.


DIAGNÓSTICO

Existen varias pruebas y parámetros sanguíneos que pueden llegar a acercarnos al diagnóstico final de la PIF, los cuales se realizan después de tener una fuerte sospecha de la presencia del virus cuando se cumplen muchas de las condiciones para que exista la enfermedad, pero solo se hacen de manera confirmatoria y no como prueba de rigor, y son muy efectivas para confirmar la PIF pero, definitivamente, el diagnóstico final se da luego de que el gato muere, lo que se denomina post mórtem que es realizado por un patólogo certificado, quien expide un reporte oficial para fines legales, como es el caso de las asociaciones felinas colombianas.


TRATAMIENTO

Dependiendo de la condición y los signos con los que el gato llega a consulta se puede pensar en hacer un tratamiento, que consiste en manejar todo el sistema inmunológico y la prevención de enfermedades secundarias que puedan llegar a contaminarlo, y es la recomendación más favorable siempre y cuando esté a cargo de un profesional veterinario. Una buena alimentación es uno de los puntos fuertes en el manejo de la PIF; se pueden adicionar dietas naturales y suplementos multivitamínicos para que el animal no pierda más peso.


DESENLACE

Lamentablemente muchos de estos gatitos que presuntamente tienen PIF van a morir pues es muy poco lo que podemos hacer. Se ha sabido que en algunos casos sobreviven mucho tiempo y como son varias las enfermedades que cursan con los mismos signos y, además de no existir una prueba específica para el virus, la recomendación es darle siempre una oportunidad a la mascota de que sea otra enfermedad y así evitamos el sacrificio temprano y los falsos positivos.