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Síndrome del gato volador

Síndrome del gato volador El gato como animal doméstico –actualmente muy apreciado como mascota– tiene una historia no muy grata en ese proceso de convivencia en ambientes de humanos, debido a la falta de preparación por parte del propietario en acondicionar su entorno para la feliz llegada.


Específicamente hablaré en esta oportunidad del síndrome del gato volador, que es la forma como clínicamente se define su caída desde altos edificios, en donde habitan las personas que deciden tenerlo como compañía.


Esta situación es cada vez más frecuente en las urgencias veterinarias, y lo alarmante es que pareciera ir en aumento debido a que por descuido de los propietarios no se toman las precauciones necesarias en los lugares donde ventanas y balcones permanecen abiertos o hay salidas al exterior. Entonces el resultado es que por pasar por alto que el ambiente humano puede ser peligroso para los gatos, finalmente puede llegar a terminar con su vida o dejarlos en muy mal estado en el caso de sobrevivir a la caída.


Es común escuchar de algunas personas que sus gatos han aprendido a caminar sobre las cornisas de sus ventanas o que salen al balcón pero “saben” que hay un vacío y solo se asoman por la baranda, afirmando incluso que no es posible que se caigan porque lo tienen como costumbre y conocen el peligro. En otros casos, muchos deciden ubicar la arenera en los balcones para “evitar su olor” dentro del apartamento, siendo un acto irresponsable, más hoy en día, cuando la calidad de las arenas y su control de olores es de tan alta calidad.


Entonces la pregunta que nos debemos hacer, además de tener que preparar responsablemente nuestro entorno para la llegada del gato, es ¿por qué se caen?


Hay varios factores que debemos tener en cuenta para responder el interrogante, planteándolo desde tres perspectivas: curiosidad, sentido del equilibrio y comportamiento innato.


Los gatos son curiosos y todo aquello que se mueva, llámese juguete, bolita, láser, hasta una hoja de árbol, mariposa, ave, etc., llamará siempre su atención. Cuando les permitimos asomarse a las ventanas o balcones estamos abriendo toda la posibilidad a que, por curiosidad, ellos terminen jugando con cualquier objeto para atraparlo y, como son gatos de interior que no conocen los techos o los accesos del hogar al vacío, pueden terminar por salir de más y caerse.


Relacionado con lo anterior está el hecho de que los gatos como mascotas, que casi siempre han vivido en el interior, no tienen tan desarrollado su sistema vestibular si los comparamos con los del exterior, los cuales son realmente maestros de la acrobacia y están en constante actividad de equilibrio dado su entorno. Como causa de esto muchas veces los gatos que viven en el interior y tienen acceso al vacío terminan perdiendo el equilibrio, ya sea por estar pendientes de un objeto o por no tener la capacidad tan rápida de reacción al momento de estar a punto de caer. Es bueno recordar que estas mascotas casi siempre tienen las uñas muy cortas, lo cual les dificulta aún más la tarea de prensarse para no caer en el caso de estar en una situación de alto riesgo.



Por último tenemos el comportamiento innato del gato por adorar las alturas, trepar a lugares elevados, observar todo desde sus ‘tronos’ y su gusto por escalar. Si no tenemos nuestro hogar acondicionado con gimnasios especiales o repisas, por ejemplo en una pared, que les permitan trepar, ellos no perderán la oportunidad de subirse a una cornisa, borde de ventana o filo de un balcón, siendo en todos los casos muy peligroso al responder a un comportamiento básico felino. También está el hecho, aunque no excluyente, que los gatos enteros (no esterilizados) pueden percibir el celo de un congénere y estar en ciertas épocas buscando la manera de salir de casa.


Entonces lo ideal es que, al saber todo esto, debemos tomar las suficientes precauciones, empezando por instalar mallas ‘invisibles’ desde afuera en las ventanas y balcones, no solo teniendo en cuenta que los gatos no lleguen a caerse sino que, además, debemos enriquecer el entorno, proveyéndoles ambientes propicios que, en armonía con nuestro hogar y decoración, resulten ideales para que ellos salten, trepen, jueguen y vivan sanamente protegidos en un hábitat humano.


LAS POSIBLES LESIONES

La gravedad de las lesiones presentes cuando un gato se ha caído depende, en la mayoría de los casos, en si logra o no amortiguar el golpe, teniendo en cuenta la altura y la velocidad de la caída. Es verdad que las elevaciones más críticas son aquellas considerablemente bajas, menores de tres pisos, o las mayores, de cinco, aunque todas representan un importante riesgo. Resulta que el gato, mientras va cayendo, tiene la gran capacidad de girar sobre sí mismo e intentará posicionarse para caer en posición vertical, siendo esto un punto por tener en cuenta ya que aparentemente sería lo ideal. Pero se ha visto que al caer de pie puede sufrir más lesiones, como diferentes fracturas de huesos de miembros anteriores y posteriores y de la mandíbula o paladar, neumotórax y hemotórax, entre otros.


En todos los casos no hay que confiarse de la altura y llegar a suponer que desde ciertos metros al gato no le pasará nada. Siempre la mejor manera de evitar un gran sufrimiento, dolor e incluso la pérdida de nuestra mascota es no permitirle bajo ninguna circunstancia la exposición o acceso al exterior.


¿QUÉ DEBEMOS HACER SI NUESTRO GATO SE CAE?

En primera instancia debemos verificar si aún sigue vivo y llevarlo de inmediato al médico veterinario. Lo ideal es que mientras vayamos en camino avisemos por teléfono para que el personal de la clínica esté pendiente de nuestra llegada y además nos confirmen que sí pueden atender la urgencia. Es claro que deberá contar con el servicio de placa de RX y de ecografía, o tener un acuerdo con una muy cercana que sí los tenga, ya que se van a requerir diferentes vistas de órganos y estructuras óseas de acuerdo con el posible diagnóstico veterinario durante la valoración inicial.


Del mismo modo, es importante considerar que el gato puede quedar hospitalizado por lo menos durante las primeras 24 horas, por lo que las clínicas que cuentan con un servicio continuo son ideales para el manejo de este tipo de pacientes y emergencias puesto que el paciente va a requerir una atención permanente. Para los casos de fracturas la recomendación inicial es estabilizarlo y posteriormente, de acuerdo con el criterio del médico tratante, incluir a un ortopedista veterinario para asegurar un correcto procedimiento y, por lo tanto, mejoría del paciente.


Infortunadamente muchos gatos mueren en el momento de la caída o por su causa llegan en muy mal estado a la clínica veterinaria, donde ya no es posible salvarles la vida. Recuerde que si su gato ha caído y no le ha pasado nada, o tuvo una fractura o lesión no muy grave, primero deberá saber que la suerte está de su lado y agradecerle a quien considere por el milagro de poder seguir disfrutando y compartiendo con su mascota.